miércoles, 9 de febrero de 2011

Reseñas Pequeños Lugares para la Perversión


1. Alfredo Carrera nos presenta PEQUEÑOS LUGARES PARA LA PERVERSION
Aída Trillo

El libro me parece un anecdotario que explora por medio del lenguaje mundos fascinantes donde la realidad, la fantasía, la crueldad, y los sentimientos se exploran con personajes que dentro de su naturaleza humana son confrontados consigo mismos y con el mundo que en algunos cuentos parece irreal y en otros terriblemente real.

Entre los lugares que nos describe hay ciudades que podemos descubrir hostiles, que albergan personajes sarcásticos crueles, que desaparecen. Que nos comen literalmente o en otros que nos aíslan, nos confrontan con nuestra soledad, nos comen, nos confunden y atrapan. Lugares que no podemos ver, que consumen nuestros sentidos. Cuartos y restaurantes donde lo imposible se hace posible y la naturaleza humana desgarra situaciones.

Alfredo hace referencia a la luna, que se burla de nosotros, como un testigo de nuestras enajenaciones que nos cambia y transforma como en la narración LA LUNA IGNORA, donde Julieta se transforma de un personaje podríamos decir ñoño a una criatura salvaje. Así es la luna? Un observador con poder de modificar nuestras conductas con su sola presencia? Preguntas que los invito a que respondamos juntos tras la lectura de PEQUEÑOS LUGARES PARA LA PERVERSIÓN.

Pero no quiero contarles las narraciones, me pregunto si ¿las puedo llamar así? ¿Son narraciones? ¿Son cuentos? ¿Son anecdótas? ¿Son exploraciones del alma y vida humana? ¿Nos puede pasar? ¿Es ese el sentimiento que genera... todo esto es posible? ¿Tristemente, salvajemente posible?

Como notarán utilizo muchos adjetivos al comentarles el libro de Alfredo, y es porque mis sentimientos encuentran necesidad de ser expresados, porque me encuentro confundida ante lo que el libro me confrontó, porque si bien, logro diferenciar la fantasía de la realidad en algunos trabajos, en otros... no.

Alfredo retrata personajes humanos con sus vicios y vida diaria, pero es en esa vuelta de tuerca donde nos sorprende, sus finales poco predecibles, que empezaron con personajes que prenden un cigarrro, que tienen sueño, que filman una película, que se pierden en el metro de grandes ciudades, que esperan en una cafetería, que visitan un centro comercial, que visten de negro… que tendrán el final más inesperado, final que me genera un suspiro, aterrador o reparador... dependiendo de las últimas palabras.

Personajes que observan, reflexionan y que toman como normal sus situaciones extraordinarias, así somos todos? Tomamos como normal y cotidiano este mundo que cada vez parece más surreal. Y no hablo del libro… Es así como mi vida se ve reflejada, es así como me aterro o me sorprendo, cuando yo me veo representada en sus personajes, cuando ellos dicen lo que yo temo o pienso en mi cabeza, o cuando algo que jamás me hubiera imaginado ocurre, cuando se que las
reflexiones que en primera persona y que Alfredo nos cuentan pueden ser mías, cuando el campo y la ciudad han representado algo similar para mí. Porque el aislamiento, la soledad, el anonimato, todos los hemos sentido.

Porque todos hemos esperado nerviosos la visita de un amor, todos hemos tenido un abuelo que viste de negro, nos hemos perdido en una ciudad y anhelado el terreno conocido, porque Alfredo nos mueve hacia lo humano, hacia lo tangible, de un mundo que aparece como lejano a una cercanía escalofriante, a los temores enormes del ser humano, a perder la razón o a encontrarnos con alguien como los personajes que cuentan sus experiencias en este libro, como todo ser humano, complejo y hermoso.

PEQUEÑOS LUGARES PARA LAS PERVERSIONES es un libro que invita desde su título. Nosinvita a experimentar el egoísmo que nace de un secuestro irresponsable e insensato como en AMBULANCIAS PIRATAS. Como debe ser el tener un acosador dentro de nuestra locura como lo describe en NOTA DEL PRIMER DÍA. Como observar a dos amantes puede ser el acto más perverso en un centro comercial. Y son esas,,, nuestras propias perversiones, las perversiones humanas, las que tenemos escondidas y nadie se atreve a mencionar las que nos unen al leer el libro. Las que tememos y las que encuentran alivio al ver que no somos los únicos.

Porque todos tenemos necesidad de regresar al hogar, dónde sea que éste esté. Porque Alfredo juega con las palabras creando lo que a primera vista es estúpido y luego cobra sentido, como nuestros tonterías que finalmente no sabemos resolver, cómo de víctimas pasamos a ser victimarios en nuestra vida diaria, porqué con sorpresa leemos noticias que parecen salidas de historias de terror ante las aberraciones del ser humano y que Alfredo acerca demasiado en ATACAN LAS VACAS LOCAS. Tras leer el cuento decimos: eso no puede suceder y finalmente nuestros pensamientos apagan nuestra carcajada… ¿NO?

¿Realmente no sucede? Este es un ejemplo de los temores que mueve Alfredo en ámbito
mundial, de nuestra paranoia colectiva, pero también nos aborda por lo personal:
Todos buscamos coincidir con esa persona, todos queremos desaparecer y dejar nuestra vida por un momento, todos buscamos alguien que nos libere de nuestras cadenas…. Y cuándo lo/ la encontramos?? Queríamos ser realmente liberados? Queremos ser libres en verdad? Queremos huir? Porque lo cotidiano finalmente nos conquista, se vuelve rutina y genera ansiedad. Nos vuelve a atrapar, nos sentimos atrapados nuevamente y buscando salidas, nos quedamos sin entradas…

Nosotros no podemos huir de nosotros mismos, pero tal vez, desde nuestros pequeños lugares para la perversión cada uno encuentra catarsis ante lo que nos oprime. Y ese es el gran regalo que nos hace Alfredo, personajes catárticos ante nuestras neurosis y temores. Ese es mi comentario final: gracias Alfredo por permitirme hacer catarsis con tus cuentos y por hacerme sentir que no estoy sola en este mar de confusión ni en este mundo que siento quiere comerme diariamente.



2. ARIA PARA UNA ÓPERA PRIMA
 Édgar Omar Avilés
5 de Octubre de 2010

Pequeños lugares para la perversión es un recorrido por los recovecos de un joven escritor que busca su voz, sus temas, sus maneras de decodificar y contarnos sus asombros ante el mundo. Es un libro muy íntimo, donde Alfredo se desnuda para mostrarnos su alma de letras. “Yo escribo sobre lo que me aterra, sobre lo que me enoja, sobre lo que espero y sobre lo vivido”, nos dice uno de los protagonistas de este libro en el relato “Carta a una señora de ciudad”, personaje que sin duda tiene mucho de su autor.

Pequeños lugares… está compuesto de 32 textos de una cuartilla o cuartilla y media cada uno; 32 relatos donde le pide al lector que sea un cómplice que se meta en la sugerencia de cada relato, que participe contándose qué pasó antes y qué pasará después de lo narrado. El lector se vuelca en un pervertido fisgón que, mientras toma un café (sugiero tomar un café mientras se lee el libro, para repetir en parte la magia con la que Alfredo formuló su ópera prima, casi creo que en vez de tinta cargó de café su pluma); decía: el lector se convierte en un fisgón que relato tras relato se entera tras el hoyo de la cerradura de amores de bocanadas de cigarro, de la ciudad cómo un monstruo de posibilidades terribles, de pasiones de supermercado, de cocodrilos y vacas locas, de mujeres que son todas y ninguna, de enigmas que cierran el telón de la vida en el teatro de Dios, vidas que se agotan entre la nostalgia o de alegrías tan contenidas que casi parecen tristezas… Muchos de los relatos me parecieron fotografía en sepia o donde el color se ha ido deslavando hasta quedar convertidas en un bellísimo esqueleto de algo que casi parece un sueño, pero en las profundidades del recuerdo sabemos que existió.

Algunos relatos me causaron una angustia que me resulta difícil registrar: Textos como “Ambulancias piratas”, “Nota del primer día”, “Mujeres”, “Cuerpos de Luz” o “Baño lleno de sapos” me parecen ejemplares de esta desazón que Carrera sabe inyectar letra a letra. En otros, me gusta como expresa eso tan doloroso que es estar con los demás, pero que también es tan doloroso cuando se está sin ellos. Esos “insociablemente sociables” que somos los humanos de lo cual Kant hablaba y Carrera nos muestra en textos como “Mal” o en “Despedida”.

Desde hace tiempo, Carrera y yo solemos mostrarnos cuentos o relatos inacabados, para darnos nuestros puntos de vista. Es común que le diga que sus cuentos son relatos, porque suelen carecer de un conflicto definido. Y más o menos lo invito a que punce más el conflicto y él me dice que “sí”, pero procura ignorar esta recomendación. Ahora, aquí, quiero decirle nuevamente que su libro es un libro no de cuentos, sino de relatos (salvo algunas excepciones) y que es muy buen libro. Y que ha ganado, que me ha ganado. Que siga escribiendo relatos, porque tiene un registro muy interesante, muy sólido y lo hace muy bien. Y un cuento no es mejor que un relato, ni un relato es mejor que un cuento; sólo son impulsos distintos

¿Qué si el libro tiene algún defecto? Según yo, para ser un primer libro: muy pocos. Pero yo no he venido a hablar de ellos. He venido a invitarlos a que se sumergen en la habitación mental de Alfredo, en sus deseos, en sus obsesiones, en sus cuitas, en todo aquello que se derrama en su imaginación y se refugia en las palabras. Yo sé que mientras lo lean estarán ya esperando lo próximo que Alfredo nos ofrecerá. Porque Pequeños lugares para la perversión es, ante todo, la promesa de más relatos, libros y novelas que Alfredo tiene la obligación de ofrecernos a sus lectores.
Gracias.